lunes, 4 de mayo de 2015

365 Días de Filosofía: la vida que pasa



«Nos pasamos la vida esperando que pase algo y lo único que pasa, es la vida»

Me encontré esta frase por internet, como muchas de las que pululan por ahí. Me gustó, me hizo reflexionar... y busqué el autor. Dicen que es de Bob Marley y pertenece a un texto más largo que se puede encontrar en la foto que encabeza esta entrada. Me hizo reflexionar, sí...porque una de las enfermedades del alma es la apatía.

En el libro "El sueño de Ravana", de autor desconocido, se nos dice que una de las enfermedades que puede hacer morir al alma es la apatía, que la paraliza: «Las almas de los hombres mueren en el momento en que nacen; esta vida es su autopsia, y la enfermedad se manifiesta en todos. Uno murió enloquecido por el orgullo; otro exaltado por la rabia; un leproso debido a la sensualidad; otro sufría de la fiebre de la ambición; el otro un deseo insaciable de ganar más: otro por el veneno maligno de la venganza; otro de la ictericia de los celos; otro debido al insaciable cáncer de la envidia; otro debido al exceso de amor propio; otro de la parálisis de la apatía. Muchas son las enfermedades, pero la muerte es el resultado común para todas ellas». Se puede leer el texto completo en el artículo, magnífico, del escritor José Carlos Fernández, aquí.

A la apatía se puede llegar desde muchas situaciones: está el luchador incansable que, extenuado, sucumbe al desánimo y renuncia a continuar la briega; está el perezoso que de tanto dilatar la acción termina devorado por la apatía... quizás no importe el cómo llegamos a ella, sino encontrar la mejor forma de superarla. Muchas veces dejamos pasar nuestra vida de largo esperando que llegue un mañana donde toda sea mejor (o nos parezca mejor) que lo actual. Un mañana donde los sueños se cumplan, donde los miedos desaparezcan, donde las limitaciones se ensanchen... un mañana que parece, en definitiva, sacado de la nada en lugar de ser heredero del esfuerzo del hoy. Qué poco se nos ha inculcado el espiríritu de superación! Y en cambio, cuánto daño nos ha hecho el espíritu de competitividad! La lucha por ser mejor que los demás, sin tenernos en cuenta a nosotros mismos, es una forma de agredirnos y desvalorizarnos como personas. Y de llevarnos, si no tenemos cuidado, al peligroso camino de la apatía.

A principios del siglo XX un médico inglés, el Dr. Edward Bach, descubrió un nuevo método de curación basado en la energía vitalizante de determinadas flores. Hablamos de las hoy famosas Flores de Bach, un conjunto de 38 esencias florales que tratan cada una de ellas de un determinado problema que afecta al individuo en su totalidad, al alma en un principio y al cuerpo al progredir. Una de estas flores es Wild Rose, la rosa silvestre, que ayuda al que se ha resignado a ver pasar la vida a su frente, dejándose llevar por la inercia, sin iniciativa ni energía. Vemos, por tanto, que la apatía, la inercia, no es problema sólo de nuestros días.

La Filosofía Esotérica nos habla de las Tres Gunas o Cualidades de la Materia, que son Rajas (la acción impulsiva), Tamas (la inercia) y Satwa (el Justo medio, el equilibrio). El trabajo del filósofo, del ser humano, es equilibrarse, como si de una balanza se tratase, entre el exceso y el defecto para llegar a una comprensión luminosa de la vida y de sí mismo. Ver, entonces, "pasar la vida esperando que pase algo" no es más que dejarse atrapar por la inercia de Tamas; dejar la balanza inclinada del lado de la resignación y el desencanto.

Quizás sea momento, ahora, de salir de nuestra zona de confort. No sólo para dejar de ver pasar la vida, sino para tomar las riendas y pasar a la acción.





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