lunes, 4 de agosto de 2014

365 Días de Filosofía: Simbolismo e Ideografía




A través del laberinto de ideas con que el filósofo se encuentra en la búsqueda de la Sabiduría, existe un hilo de plata que hilvana las verdades eternas. Como Ariadna que ofrece a Teseo su alma para vencer al minotauro, los Maestros tienden hacia el hombre una escalera para subir más rápidamente a la cumbre de nuestras propias posibilidades, para tener acceso, aunque limitado, al Gran Misterio que subyace en el fondo de todas las cosas y de nosotros mismos. Esta escala vertical son los símbolos.
 
Podemos explicarlos como una representación que oculta o vela una verdad que reside en el interior; esta verdad puede ser un algo mental, moral o espiritual. De esta definición, se deduce que el símbolo es el soporte de un concepto, de una idea, su alma; cuando la idea le abandona, el símbolo muere, quedando como una cáscara vacía y estéril.

Según Mario Roso de Luna, el término símbolo puede traducirse como “vestidura” y añade que “un símbolo es una abstracción sintética que nada dice al profano y todo lo revela al sabio”. En la misma línea, H.P.B. comenta: “los relatos explicativos de la Doctrina no son sino sus vestiduras. El ignorante mira sólo la vestidura y no ve más allá. El sabio penetra más hasta descubrir lo que aquella vestidura encubre”. 

Si entendemos que todas las cosas son símbolos de sus propias esencias, de su Ser interior, la representación se convierte en símbolo en el preciso instante en que apresa al Ser del objeto, es decir, cuando trasciende las divisiones horizontales entre cosa y cosa para descubrir los motores verticales de las mismas. Dicho de otra manera, cuando va más allá del plano material y se conecta o intuye las esencias espirituales (la dualidad espíritu-materia suele ser expresada como el fuego sobre el agua, en donde el fuego sería símbolo del espíritu y el agua lo sería de la materia). 

Muchas de las antiguas tradiciones aparecen en su mayoría veladas en forma de mitos y leyendas; la Simbología adquiere entonces un papel relevante. Mas, para la correcta comprensión de esta ciencia, la simbología debe ser estudiada en cada uno de sus aspectos, teniendo en cuenta que son siete sus claves o divisiones y que cada pueblo tiene su forma particular de expresión. Por tanto, ningún manuscrito antiguo debe leerse y aceptarse literalmente. Al respecto, el poeta y egiptólogo Mr. Gerald Massey afirma: “... la Mitología es el depósito de la ciencia más antigua del hombre; cuando sea de nuevo interpretada correctamente, está destinada a ocasionar la muerte de aquellas falsas teologías a que sin saberlo ha dado origen. La Mitología era un modo primitivo de objetivar el pensamiento primitivo y estaba fundada en hechos naturales. Sus fábulas eran medios de comunicar hechos, no eran falsificaciones ni ficciones...”





Las pruebas que corroboran las antiguas enseñanzas, se hallan esparcidas en los textos de las civilizaciones de la Antigüedad. Sin embargo, estas pruebas fueron registradas simbólicamente en parábolas, lo que ha provocado el oscurecimiento y la mala interpretación de las escrituras. Una parábola es un símbolo hablado, o sea, una representación alegórica de realidades de la vida, de sucesos y de hechos. Y así como de una parábola se deduce siempre una moral, siendo esta moral una verdad y un hecho real de la vida humana, del mismo modo, de ciertos emblemas y símbolos registrados en los antiguos archivos de los templos, se deducía un hecho histórico verdadero (que tan sólo podía ser traducido por aquellos que estaban versados en las ciencias hieráticas).

La historia religiosa y esotérica de todas las naciones, se encontraba embebida en los símbolos; nunca fue literalmente expresada en muchas palabras. Todos los pensamientos y emociones, toda la instrucción y conocimientos adquiridos de las primeras Razas, tenían su expresión pictórica (ideografía) en la alegoría y en la parábola. Y si nos preguntamos por qué, la respuesta es clara. Porque las palabras habladas tienen una potencia no solo desconocida, sino que no se sospecha siquiera. Porque el sonido y el ritmo están estrechamente relacionados a los cuatro Elementos de los antiguos; y porque tal o cual vibración en el aire, es seguro que despierta los Poderes correspondientes a esos Elementos, y la unión con los mismos produce resultados que podrán ser buenos o malos, según el caso (según la utilización que se haga). Y ese Poder ha de estar al resguardo de la ignorancia y la perfidia humana.
 
En la antigüedad, existía un lenguaje especial que podía estar contenido dentro de otro, de un modo oculto, y que no podía ser percibido sino con la ayuda de ciertas instrucciones especiales; Para entender este concepto, pongamos como ejemplo una pared cualquiera de un templo egipcio. En ella están expresadas diferentes conceptos auxiliados mediante representaciones, letras, números. Cada representación o signo tiene un significado por sí mismo; cada uno de ellos es en sí un símbolo. Pero al mismo tiempo, todos en conjunto dan forma a una idea que es el origen del símbolo. Igual ocurre con el lenguaje chino, donde la expresión simbólica de sus ideas es la propia escritura. Cada una de los millares de letras que contiene es un símbolo; unidos entre sí para formar palabras dan lugar a otro símbolo, sin perder por ello su significado individual.

Quizá a esto se refiera Mr. Ralston Skinner, místico y kabalista, cuando habla de un antiguo lenguaje, perdido ya en nuestros tiempos, pero del que aún se conservan numerosos vestigios según su opinión. Un lenguaje de ”origen divino”; quiere decir, comunicado a la primera humanidad por una humanidad mucho más avanzada, tan elevada, que fuese divina a los ojos de aquella humanidad infantil; en una palabra, por una humanidad de otras esferas. 

Un lenguaje que en su expresión escrita tiene un significado, pero que al ser pronunciado manifiesta una serie de ideas muy distintas de las que se expresan por la lectura de los signos fonéticos. Este lenguaje de ideas puede consistir en símbolos que se hallen concretados en términos y signos arbitrarios, que tengan un campo muy limitado de conceptos sin importancia, o puede ser una lectura de la Naturaleza en alguna de sus manifestaciones, de un valor casi inconmensurable para la civilización humana. 

En cualquier caso, la importancia de la Simbología es innegable para la comprensión del Universo y sus causas. A través de los símbolos es que los hombres tratamos de intuir de forma más o menos certera las Leyes que rigen el Cosmos y a nosotros mismos. Habremos para ello, tratar de ser canales receptivos y elevar nuestra conciencia a planos más sutiles, para permitir que el mensaje oculto de cada uno de los signos de los Maestros, llegue hasta nosotros con todo el conocimiento y la fuerza de que están impregnados. El Conocimiento y la Fuerza de lo Eterno.

Carmen Morales 

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