martes, 8 de abril de 2014

365 Días de Filosofía: el amor, la fuerza que hace girar al mundo






“Amo como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte”
Fernando Pessoa

Nada se me hace más difícil que hablar del amor. Tanto es lo que abarca, tanto lo que encierra; tan grande su influencia, tan desoladamente triste su ausencia, que me faltan las palabras y el tiempo. Y también la inteligencia, pues nadie es sabio en las cuestiones del amor. Tipos de amor hay muchos. Existe el amor de los padres a los hijos y viceversa, el de amante y amado, el de amistad, el del artista hacia su obra, etc. Y tantos como tipos de amor, son los amantes: al arte, a su pareja, a su amigo, a los animales, a la vida, a la naturaleza… incluso están aquellos que sólo se aman a ellos mismos, más conocidos como egoístas, pero ¿será que no deja de ser también una forma de amor?…

El amor ha sido cantado por los poetas de todos los tiempos. Pero si hay un autor que entona con sus versos melodiosos sones de amor, ese es Gustavo Adolfo Bécquer.

RIMA XLVI
 
Tu aliento es el aliento de las flores,
tu voz es de los cisnes la armonía;
es tu mirada el esplendor del día,
y el color de la rosa es tu color.
Tú prestas nueva vida y esperanza
a un corazón para el amor ya muerto:
tú creces de mi vida en el desierto
como crece en un páramo la flor.

Sublime es también la exposición que sobre el amor realiza Khalil Gibrán en su obra “El Profeta”: «Cuando el amor os llame, seguidlo. Y cuando su camino sea duro y difícil. Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunque la espada entre ellas escondida os hiera. Y cuando os hable, creed en él. Aunque su voz destroce nuestros sueños, tal como el viento norte devasta los jardines. (…) El amor no da nada más en sí mismo y no toma nada más que de sí mismo. El amor no posee ni es poseído. Porque el amor es suficiente para el amor. Cuando améis no debéis decir: “Dios está en mi corazón”, sino más bien: “Yo estoy en el corazón de Dios”. Y pensad que no podéis dirigir el curso del amor porque él si os encuentra dignos, dirigirá vuestro curso».

El amor, en su más alta concepción, ha sido tema recurrente para los literatos, ensayistas y hasta científicos a lo largo de la historia. Un ejemplo de ello lo encontramos en el Dr. Edward Bach, al considerar que uno de los errores que originan la enfermedad es la violencia y la crueldad frente a los otros, ya que eso atenta contra la Unidad (Amor en su uno de sus aspectos). Dice en su libro “Cúrese a usted mismo”: “(…) En el desarrollo del Amor Universal dentro de nosotros mismos, tenemos que aprender a darnos cuenta cada vez más de que todo ser humano es hijo del Creador, aunque en grado inferior, y de que un día, en su momento, alcanzará la perfección como todos esperamos. Por insignificante que parezca un hombre o una criatura, debemos recordar que dentro lleva la Chispa Divina, que irá creciendo lenta pero segura hasta que la gloria del Creador irradie de ese ser (…)”. Y continúa: “(…) Si la crueldad o el odio nos cierran la puerta al progreso, recordemos que el Amor es la base de la Creación (…)”. Tan presente está el Amor en su obra y en su pensamiento, que una de las flores que componen el Sistema Floral que lleva su nombre, Chicory, representa el arquetipo del abnegado amor maternal, si bien todas ellas, en su expresión equilibrada, son un reflejo del Gran Amor que rige todas las cosas.

Debido al simbolismo relacionado con el amor que encierra, dedicaré unas palabras a Holly, también del sistema floral del Dr. Bach. “La esencia de flores de Holly representa el principio del amor divino universal que mantiene a este mundo y es infinitamente más grande que la razón humana. Este amor o suprema cualidad energética, a través y en la cual vivimos, es nuestro verdadero elixir de la vida, el mayor poder curativo, la fuerza impelente más intensa, la eterna verdad, la conciencia de la unidad, lo positivo en sí. Por esta razón, en el abanico de las treinta y ocho flores de Bach, Holly ocupa un lugar preponderante donde esta intensa fuerza del amor no puede ser aceptada, se convierte en lo contrario: la negación, la separación y el odio. Esta es la causa más profunda de los sucesos negativos de la vida. Cada uno de los que vivimos en esta Tierra, tarde o temprano, consciente o inconscientemente, tenemos que entendernos en nuestra vida con este tema central de la humanidad”[1].


Amor… una palabra que, a fuerza de no usarse, va perdiendo su valor. Y lo que es peor aún, deja de vivirse, de transmitirse, de perpetuarse. Los hombres le damos la espalda y ella desaparece, se oculta y otras formas negativas y degradantes llegan para ocupar su lugar, convirtiendo la existencia en un cúmulo de despropósitos de los que todos somos las víctimas. Aunque a veces, no conscientemente. Pero todavía estamos a tiempo. Podemos rescatar del incipiente olvido a este tesoro de la moral y de la ética. Este arquetipo que es eterno y que, por su misma condición, es propio del hombre, de la parte más eterna y elevada del hombre. ¿Quién no es más feliz sintiéndose arropado por la fuerza poderosa del amor? No nos quedemos detrás de la ventana mirando cómo los otros lo ponen en práctica. Recordemos aquello de que no es más feliz quien recibe, sino quien da. Seamos generosos con nuestro destino, con la Vida y con la Naturaleza. Demos un paso hacia delante y hagamos de nuestro planeta y de nuestra existencia, un sitio agradable y hermoso donde vivir. Seamos paladines de las CAUSAS JUSTAS Y NOBLES.

Carmen Morales
 




[1] Notas del seminario de Flores de Bach de la terapeuta Mª del Mar de la Oliva.

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