miércoles, 26 de marzo de 2014

365 Días de Filosofía: la liberación





“La liberación no viene del cielo ni de las profundidades” afirma la filosofía sankhya. “O sea, ni desde arriba ni desde abajo. Viene del corazón”. Con estas palabras José Carlos Fernández, Director de Nova Acrópole en Portugal y profesor de Religiones Comparadas en Lisboa, materia a la que asisto siguiendo el programa de estudios de Nova Acrópole, explica esta máxima. Confieso que me impactó la enseñanza.

Quizás porque afirmar que la liberación viene del interior del ser humano, de su trabajo interno, de su esfuerzo no es lo más común hoy en día. Es cierto que muchas personas buscan la solución a sus problemas, la “liberación”, en todo aquello que es ajeno a ellas mismas. Como si fuese a caer del cielo, como bien afirma esta filosofía hindú. Como si buscaran una excusa para no tener que bucear en su interior y descubrir, quién sabe, cosas que nunca sospechó que estaban allí. Esta enseñanza me parece de rabiosa actualidad. No hay más que echar un vistazo a los usos y costumbres de la población en general, para darnos cuenta de que vivimos “de cara a la galería” y más pendientes de lo que hace el vecino que de nosotros mismos. A fuerza de negar nuestra parte espiritual hemos llegado a pensar que de verdad no existe. Pero ella está ahí, a la espera de una oportunidad para manifestarse.

Normalmente relacionamos el corazón con los sentimientos y pocas veces se nos ocurre pensar que de todas emociones posibles, los sentimientos son las más mentales. Y por lo tanto, dentro del ámbito de la psique, las más estables. Tal vez esto es lo que la filosofía sankhya nos quiere decir, que la liberación viene de la estabilidad de una personalidad educada. Y, ¿para qué necesitamos liberarnos? Para conocer, para saber que la realidad que vivimos no es más que una sombra proyectada de otra realidad no material. Como en la película de Matrix, lo que vemos es un producto de Maya, diosa hindú de la ilusión, de lo pasajero, de lo irreal, de lo manifestado que es reflejo de lo inmanifestado,  la sombra de éste.

Al escribir esto, me viene a la memoria el cuadro del prerrafaelista Sir Edward Burne-Jones, “El Espejo de Venus”, que se puede admirar en el Museo Calouste Gulbenkian de Lisboa, situado en la confluencia de las avenidas Antonio Augusto de Aguiar y Berma. Las Musas son los Arquetipos (en otra clave son los Números que contemplan la materia en la cual se van a plasmar) y su reflejo en el agua es lo que nosotros vivimos como realidad, pero no es más que una sombra, un reflejo. Si el agua del estanque, que es nuestra realidad “virtual” está en reposo, o sea, tranquila, puede reflejar con mayor fidelidad lo que está arriba; pero si esta misma agua está agitada, turbulenta, lo que reflejará no serán más que imágenes deformadas que el ser humano, en su ignorancia, toma por verdaderas. Por eso necesitamos liberarnos, para saber diferenciar lo real de lo ilusorio.

Y aunque no es tarea fácil ni trabajo de un solo día, lo importante es ponerse en camino. Comenzar a trabajarnos interiormente separando, como si de las ramas que impiden ver un bosque se tratara, lo superficial y vano de lo verdaderamente importante. Que la vida son dos días y la oportunidad un tren de una sola dirección.

No hay comentarios: