martes, 25 de febrero de 2014

365 Días de Filosofía: Isis, la Gran Madre





Desde la más remota antigüedad, el hombre siempre ha rendido culto a los dioses. Desde los cultos a las fuerzas de la Naturaleza, hasta los cultos a dioses más o menos “humanizados”, pasando por los cultos a dioses con formas antropomórficas, la humanidad siempre ha necesitado de un nexo que salvase el espacio entre el hombre y Dios. Sabemos que todo lo manifestado responde a una dualidad: bueno-malo, blanco-negro, día-noche, grande-pequeño, arriba-abajo, hombre-mujer, de manera que no podemos entender uno sin concebir el otro. Entendemos lo bueno porque lo contraponemos a lo malo, es decir, es bueno lo que no es malo y así con todos. Esta dualidad también ha estado presente en los cultos religiosos; así encontramos cultos masculinos y cultos femeninos, dos formas de entender a Dios, dos caminos para llegar a una misma meta.

Los cultos femeninos a la Gran Madre están presentes en los panteones de todas las antiguas civilizaciones y en la nuestra también. Bajo diferentes nombres y formas, la diosa ha ido perpetuándose a través del tiempo. Así en sumeria aparece como Istahr; en Persia es Anaita; la conocemos también como la Astarté de Biblos, Demeter para los griegos, Venus para los romanos. Incluso hoy, la Virgen María cristiana y católica. Y en Egipto Isis.

El culto isíaco, florece en Hispania de la mano de los conquistadores romanos en donde son muchas las mujeres que acudían a sus templos y santuarios para celebrar los ritos sagrados. Son numerosos los testimonios de estos cultos que, en forma de inscripciones, nos llegan de Sevilla, Guadix, Antequera e incluso en la localidad portuguesa de Braga. En esta última ciudad, la Bracara romana, existe una lápida de mediados del siglo II d.C. en donde se lee: “Lucrecia Fida, sacerdotisa perpétua de roma y de Augusto, del convento bracarangustano, dedica este monumento a la augusta Isis”.

Isis, la diosa de los mil nombres, es hija de Geb (la Tierra) y Nut (el cielo).  Está asociada con Hathor, la vaca celeste, la Gran Diosa Madre del panteón egipcio. Por ello, en muchas representaciones Isis aparece tocada con los cuernos sagrados y el disco solar, símbolos de Hathor. Diosa asociada a la maternidad, a la fertilidad y a la magia –porque descubría los nombres secretos de Ra-, se la relaciona con elementos cosmogónicos, como la estrella Sirio y con las distintas fases de la Luna (Hécate). Hermana y esposa de Osiris representa el eterno femenino. Es la tierra, la materia primordial fecundada por el espíritu. Coronada por un trono en forma de escalera, porta en su mano el ANK o llave de la vida como símbolo del camino que debe recorrer el hombre hasta llegar a la divinidad. El significado de cada una de las partes del símbolo son: el círculo representa el mundo divino; el trazo horizontal el horizonte y el trazo vertical el sendero que debe recorrer el hombre para acceder a la divinidad.

Otro emblema característico de la diosa es el nudo de Isis; con él, mantiene unidas todas las cosas; el hombre, de la misma manera, accede al conocimiento superior por un paso de unión con el ser interior. Este lazo es el que recuerda que ella es la que reúne los pedazos de su esposo, Osiris, despedazado por su hermano Seth. Este hecho está narrado en el Mito Osiriano: Dice que existían en un tiempo hombres primitivos -no salvajes, sino antiguos-, y que para acompañarlos y aconsejarlos existía una Tríada Divina, emanada de otras Deidades superiores; esta Tríada estaba constituida por Osiris, Isis y Horus, hijo de ambos.
En una ocasión, los Dioses, reunidos, dándose cuenta de que Osiris se estaba tornando demasiado importante, lo invitaron a reunirse con ellos. Osiris tenía un hermano o contraparte negativa, como siempre sucede en estos relatos mitológicos. El hermano de Osiris era Seth, representado como un monstruo en forma de cocodrilo. Seth, en la reunión, explica que regalará una caja o cofre muy bello a aquel de los Dioses que demuestre que cabe perfectamente en su interior. Ninguno pudo hacerlo bien porque, o faltaba, o sobraba lugar, pero Osiris entró cómodamente, dado que el cofre había sido hecho a propósito a su medida. Aprovechando que estaba dentro, Seth selló el cofre con plomo, lo arrojó al río Nilo, y así llegó navegando hasta el Mediterráneo, donde, de acuerdo a las versiones, quedó anclado junto a un árbol de la costa.
Isis, su esposa, consumada hechicera, por medio de un espejo mágico, logra descubrir su paradero, y rescatarlo. Pero Seth, temeroso de que pudiese resucitarlo, parte el cadáver de Osiris en 7, 14 ó 49 trozos, y los arroja en todas las direcciones del universo.
Con la ayuda de Anubis, Isis logra encontrar todos los fragmentos menos la parte sexual, y así recompone un cuerpo mágico para Osiris, aunque se queja amargamente porque ya nunca podrá tener un hijo de su esposo. Entonces, también de manera mágica, queda preñada al ser rozada por un halcón, y de este modo nacería Horus. Más tarde Horus crece y venga a su padre destruyendo a su maligno tío”[1]

Vemos, a través del Mito, que Isis es la que da la Vida, la que reúne, conserva, unifica. La que mantiene la esperanza, la que ama. Es la Gran Señora, la Gran Madre, Madre del Mundo y de los hombres que volvemos la mirada hacia su trono buscando un rayo de Luz, un atisbo de inteligencia, una puerta por la que asomarnos al mundo Misterioso que nos espera. 

Carmen Morales


[1] EL MITO OSIRIANO. M.A.Gilardi

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