domingo, 12 de enero de 2014

La amistad





Un hombre joven pidió. Háblanos de la Amistad.
Y él dijo:
Vuestro amigo es la respuesta a vuestras necesidades.
El es el campo que sembráis con amor y cosecháis con agradecimiento.
Y él vuestra mesa y vuestro hogar.
Porque vosotros os precipitáis hacia él con vuestro hambre y lo buscáis sedientos de paz...

KHALIL GIBRAN


Entre las muchas formas que existen de manifestar el amor, es quizá la amistad la más usual y al mismo tiempo la más desconocida. ¿Quién considera la amistad como una forma de amor?. Y, sin embargo, la verdadera amistad, la que nace de lo profundo del alma, la que no conoce el tiempo ni la distancia; la que no sabe de edades, de status ni de conveniencias; la que sólo sabe dar porque no espera nada a cambio, esa AMISTAD, nace del amor, no como un fuego que arrasa y enardece, sino como una tibia brasa que alumbra y nos acerca con su luz a los Ideales de fuego que iluminan el mundo.
Aristóteles decía que la amistad verdadera es aquella que se fundamenta en la virtud y que es preciso diferenciarla de aquella otra que se funda en la utilidad. Hoy día, en aras del amiguismo, se comenten las más graves injurias contra la amistad. Oscuras pasiones se disfrazan bajo su piel y los hombres nos hemos acostumbrado a utilizarla según la necesidad que tengamos de ella y así llamamos “amigo” a cualquier persona que nos venga a bien tener cerca en ese momento, al socio, al conocido, a la persona simpática, al vecino o al colega. La amistad se convierte así en la víctima de nuestras necesidades. Cuando la necesidad desaparece, la amistad también porque ya se sabe, a rey muerto rey puesto....
Sin embargo, quien reconoce la amistad como un don que los dioses dieron a los hombres, abre una puerta al amor y a la libertad, pues la amistad desea ante todo la libertad del otro; el amigo es el bien supremo al que dirigimos nuestro afecto y reconocer su libertad significa respetarlo. Ninguna forma de amor respeta tanto la libertad del otro como lo hace la amistad, pues no hay que olvidar que ésta es un estado aceptado y querido y no admite poder alguno contrario a nuestra voluntad. Si hace el menor esfuerzo por forzarla, cesa en ese instante de ser amistad verdadera para convertirse en otra cosa.
¿Qué es entonces la amistad? De manera intuitiva esta palabra nos trae a la mente un sentimiento sereno, transparente, hecho de fe y confianza. Es un sentimiento que identificamos como algo muy profundo, uno de los valores eternos que posee el hombre, el Amor en una de sus múltiples formas. Sí, no nos sorprendamos. Cuando pensamos en nuestros amigos más queridos, en la verdadera amistad, pensamos en una forma de amor. “El amigo se ha de tener en el alma...” decía Séneca, ¿y no es en el alma en dónde nace el amor?.
 Amistad es dar lo debido y el amigo es quien nos hace justicia, en un sentido profundo y vital. El amigo está de nuestra parte, lucha con nosotros. ¿Para qué te procuras un amigo?, decía Séneca y respondía: “para tener por quien pueda morir, para tener a quien seguir al destierro, a cuya muerte yo pueda oponer la mía y salvarlo”. Así es el carácter desinteresado y sublime de la amistad.
Desde el origen de los tiempos, la amistad ha sido un componente esencial de nuestra vida y filósofos de todas las épocas han reflexionado sobre ella. Confucio, enumeraba cinco tipos fundamentales de contactos interpersonales: la relación entre el emperador y sus súbditos, entre padres e hijos, entre el hombre y la mujer, entre el hermano mayor y el hermano menor y por último, la que se da entre pares, o sea, entre iguales, y ésa es la amistad.  Séneca, en sus cartas a Lucilio dice sobre la verdadera amistad, “...esa amistad que no destruye ni la esperanza, ni el temor, ni la inquietud del interés propio; aquella amistad con la que los hombres mueren y por ella mueren...”. Bien es verdad que en épocas y sociedades diversas la amistad se presenta de diferente forma; en una sociedad guerrera se tratará en lo esencial de una hermandad de armas y si nos acercamos a la era moderna, encontramos amistades en que la cultura y la política adquirieron mayor importancia.
                Pero más allá de las diferencias, existe algo en común que nos permite hablar de la amistad en cualquier época y contexto.  Y es que la amistad es una necesidad del alma humana, y el hombre tiende hacia ella igual que el agua busca el mar para fundirse en él, porque ese es su destino y así lo ha entendido. La amistad es un río de plata por el que los hombres ansiamos navegar y mecidos por la corriente, desembocar en el gran océano de la Fraternidad. Ese es nuestro destino y esa es una lección que los hombres aún debemos aprender.
                Como escribe Delia Steinberg Guzmán en uno de sus artículos:
“…La amistad es la unión de los espíritus afines, es una sonrisa constante, una mano siempre abierta, una mirada de comprensión, un apoyo seguro, una fidelidad que no falla, es alegría y esperanza. Es dar más que recibir; es generosidad y autenticidad. Es un tesoro que vale la pena buscar y una vez encontrado, mantener para toda la vida como anticipo del reencuentro de las almas gemelas y como sombra favorita de lo eterno.
Que lo mejor de ti sea para tu amigo.”


Carmen Morales

1 comentario:

Terly (Juan José Romero Montesino-Espartero) dijo...

Me encantó tu visión de la amistad y lo bien que la expresas.
Sobre ella, hace algún tiempo escribí este poema:

CANTO A LA AMISTAD

Es la amistad un reflejo
que en el mar produce el sol,
es la música del campo
en las noches de calor,

es el olor de la rosa
que se posa en tu balcón,
es el pipiar del pardillo,
es el canto del gorrión,

es manantial de agua fresca
bajo un sol abrasador,
es la verde hoja del arce
que su sombra da a la flor.

Es la amistad una brisa
que acaricia el corazón,
una semilla en el alma
que al regarla se hace amor.

Terly