jueves, 9 de agosto de 2012

Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne

Nada mejor que un libro de aventuras para comenzar el verano dejando volar la imaginación. De la prolífica obra de Julio Verne, Viaje al centro de la Tierra es, para mí, su libro más audaz y más imaginativo. Corresponde a su etapa de Descubrimiento[1] y refleja el anhelo del autor por descubrir nuevos mundos y llegar a donde nadie lo había hecho antes, todo ello en beneficio de la humanidad. Sus personajes de esta etapa suelen ser hombres de bien –normalmente bien posicionados socialmente- y avanzados a su época, que terminan convirtiéndose en héroes gracias a sus hazañas y descubrimientos.
Julio Verne está considerado con el padre del género literario de ciencia-ficción, aunque la realidad es que su deseo fue siempre escribir novelas científicas, dando a conocer a la juventud del momento los últimos avances en tecnología. De su conocimiento científico y de su prodigiosa fantasía, surgieron artefactos inusuales en la época pero que, con el tiempo, acabarían desarrollándose. Estos son algunos ejemplos de ello:
Ingenio o invento / Avance o profecía
Novela en que aparece
Año publicación
Armas de destrucción masiva
Ante la bandera – Los quinientos millones de la Begún
1896 - 1879
Helicóptero
Robur el Conquistador
1886
Trasatlánticos
Una ciudad flotante
1871
Ascensor
La isla misteriosa
1875
Submarino
20.000 leguas de viaje submarino
1869
Internet
París en el siglo XX – Una ciudad flotante
1863
Calculadoras
París en el siglo XX
1863
Naves espaciales
De la Tierra a la Luna
1865
Descubrimiento de las fuentes del Nilo
Cinco semanas en globo
1863
Gobiernos totalitarios
Los quinientos millones de la Begún
1879
La conquista de los polos
La esfinge de los hielos – Las aventuras del capitán Hatteras
1897 - 1866
Viaje a la Luna
De la Tierra a la Luna –Alrededor de la Luna
1865 -1870
Silla eléctrica
París en el siglo XX
1863
Coches movidos por motores de gasolina de combustión interna
París en el siglo XX
1863
Trenes de alta velocidad
París en el siglo XX
1863


El libro
Viaje al centro de la Tierra fue escrita por Verne en el año 1864 y es una de sus pocas novelas que no fue publicada por entregas. Narra el viaje que el profesor alemán Otto Lindenbrock, un reputado minerologista, realiza junto a su sobrino y un guía al interior del globo terráqueo. En esta novela, el escritor divulgó un invento de la época: la lámpara de minero, creada por los físicos franceses Dumas y Benoit a partir de la bobina de Ruhmkorrf y del tubo de Geissler. Su gran pasión, el mar, aparece también en esta obra en la forma de un mar interior que la ciencia –de todos los tiempos- nunca ha reconocido (y que tal vez, ni exista) aunque en su novela esté situado bajo el océano atlántico y parte de Europa. También se ve reflejada en esta novela un rasgo distintivo del carácter de Verne: su fe en la voluntad del hombre y de la ciencia. Ejemplo de ello es la frase que el protagonista de Viaje al Centro de la Tierra, el profesor Lidenbrock, lanza tras innúmeras dificultades: “ (…)¡Los elementos conspiran contra mí! ¡El aire, el fuego y el agua aúnan sus esfuerzos para oponerse a mi paso! ¡Pues bien, ya se verá lo que puede mi voluntad! ¡No cederé, no retrocederé ni un paso y veremos quien puede más, si el hombre o la Naturaleza! (…)”. Obsérvese cómo la ciencia está presente en esta exclamación en la forma de los cuatro elementos básicos de la alquimia: aire, fuego, agua y tierra (los protagonistas están viajando por su interior). Precisamente, dominar los cuatro elementos básicos de la Naturaleza era una de las finalidades de la ciencia materialista de finales del siglo XIX, la misma que el autor galo trataba de acercar al público joven, utilizando a los personajes de sus novelas para ello: en Cinco semanas en globo, Fergusson dominará el aire; Lidenbrock “trabaja” con el fuego de los volcanes en Viaje al centro de la Tierra; el agua será el hábitat del capitán Nemo en Veinte mil leguas de viaje submarino; y por último, Phileas Fogg descubrirá los misterios del tiempo (tierra) en La vuelta al mundo en ochenta días. Y como alquimista, el científico supremo que domina los elementos con su voluntad, el hombre que se crece ante las adversidades, haciendo gala de su valor. Una visión romántica de la ciencia que se alza como tema principal en la obra de Julio Verne, repitiéndose invariablemente en sus novelas.
Existe la idea generalizada de que la obra de Julio Verne carece de otro propósito que el meramente lúdico. Hay autores que afirman, incluso, que el uso que el autor realiza del lenguaje no revela otra finalidad que la de distraer a los lectores. Lo dirán, quizás, porque utiliza un lenguaje claro y sin ornamentación inútil…
Decía Miguel de Cervantes (Córdoba, 1547 - Madrid, 1616) «confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades», y ese mismo tiempo ha puesto la obra de Julio Verne en el lugar que merece y ha permitido descubrir que muchos de los artilugios y avances científicos que aparecían en sus novelas se han materializado en el aquí y en el ahora. ¿Visionario? ¿Revelación? ¿Casualidad? Nadie lo sabe ni nadie puede saberlo, pero más allá de los misterios que encierre su obra, sus novelas han sido y son como ventanas abiertas al mundo astral, al mundo de lo que siempre es, ha sido y será. Un mundo en el que los sueños están al alcance de todo aquel que los persiga con voluntad, idealismo y esperanza.

© Carmen Morales
 
Bibliografía:
-          Wikipedia
-          “Viaje al centro de la Tierra”, de Julio Verne.
-          “El testamento espiritual del capitán Verne - Los personajes de los Viajes Extraordinarios al descubierto” Cristian Tello, Ariel Pérez y Jesús Rojas.


[1] La obra de Julio Verne se clasifica en tres etapas: descubrimento, madurez y desencanto.

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