miércoles, 8 de agosto de 2012

El harén de Abderramán III, ¿esclavas sexuales o élite cultural?



"Al-Andalus es un espacio y a la vez un tiempo. Un tiempo-espacio privilegiados donde se encontraron los ricos legados que el pasado había ido dejando en una tierra dispuesta a recibir a los pueblos distantes y dejarse conquistar por ellos, dándoles a cambio su propia riqueza, a través de las diversas maneras de concebir la vida (...)"
María Dolores Fernández-Fígares


Siglo X d.C. Mientras Europa estaba aún sumida en el oscurantismo de la Alta Edad Media, en la Península Ibérica las ciencias y las artes conocían el esplendor en el Al-Andalus de Abderrahmán III, primer califa omeya, llamado el Victorioso. Rodeado de una corte de astrónomos, poetas, músicos, médicos y matemáticos entre otros, el Califa Cordobés, el de "ojos azules y roja mirada" así descrito por el escritor y poeta José Carlos Fernández en referencia quizás a su espíritu guerrero y combativo, hizo de la antigua Córdoba romana la capital del mundo occidental.

Abderrahmán III pasaría a la historia no sólo por ser el artífice del florecimiento, en todos los campos, de la sociedad cordobesa, sino por ordenar construir Medinat-al-Zahra, la ciudad flor que ofreció según las leyendas populares a su favorita en prenda de amor; según cronistas de la época como Ibn-Arabí, a la diosa Venus de la que, al parecer, existía una estatua que coronaba la puerta de entrada a la ciudad. Todos coinciden en señalar que, una vez terminadas las obras e inaugurada oficialmente, el califa y su familia, junto con la corte, se trasladaron a vivir a la nueva ciudad, más allá de las murallas de Córdoba. Esta familia de la que hablamos es el harén.

Etimológicamente, la palabra harén, proveniente del francés harem y ésta a su vez del árabe clásico harīm, significa "lo vedado". En la actualidad se utiliza para designar, en las casas de los musulmanes, el lugar donde viven las mujeres; también se refiere, igualmente dentro de la cultura musulmana, al conjunto de mujeres que viven bajo la dependencia de un jefe de familia. Pero para la mentalidad occidental el harén se refiere, fundamentalmente, al grupo de mujeres que, privadas de su libertad y constantemente vigiladas por toda una corte de eunucos, satisfacen sexualmente a un hombre: el sultán.

Si bien se dice que el harén no es originariamente islámico -así como al parecer, tampoco lo es el uso del velo (igualmente utilizado en España por las mujeres cristianas católicas para ir a la iglesia, hasta no hace muchos años)- no podemos olvidar que la religión del Corán permite la poligamia y que a cada musulmán le es permitido tener hasta cuatro esposas, siempre y cuando las pueda mantener. En el caso del sultán, la cifra podía aumentar considerablemente.

En el harén que nos ocupa, el de Abderrahmán III, cuenta el cronista Ibn Idhari que había 6.300 mujeres de entre las cuales, destacaba "(...) Fátima, tía de Abderrahmán y a quien Ibn Hayan llama "la única libre de todas sus mujeres". Y Marchán, "la Gran Señora", cristiana, madre de al- Hákam y preferida de Abderrahmán hasta su muerte, y que destacó, según Ibn Hayán, "por la solidez de carácter y privilegiada circunspección, por inteligencia, perspicacia, buenas maneras, dulzura, hermosura física, donosura de palabra, gracia en los gestos y gallardía física en mayor medida que ninguna mujer, lo cual envidiaban sus compañeras". Y Aixa, doncella cordobesa, de quien dice Ibn Hayán que fue la más erudita de su siglo; Mozua, cantora, poetisa y secretaria del califa. Sofía, erudita y docta poetisa, etc... (...)"[1]. Como se puede observar, de todas las mencionadas se destacan cualidades que van más allá de la apariencia física: inteligencia, erudición, dotes artísticas... lo que nos lleva a pensar que estas mujeres ocupaban su tiempo no sólo en acicalarse y embellecer su cuerpo, sino que además cuidaban y desarrollaban las cualidades de su alma a través del estudio y de las artes. Para ello, es lógico suponer que debían vivir en un ambiente que favoreciese el desempeño de tales aptitudes. José Carlos Fernández, en su artículo "La Córdoba de los Omeyas" dice: "(...) la cultura floreció como un jardín de piedras preciosas. En la monumental enciclopedia de Espasa Calpe se explica de nuestro califa: "El estudio de las ciencias y el cultivo de las letras fueron protegidas de tal modo por Abderrahmán III que en tiempo de éste llegó a ser el imperio arábigo- hispano el emporio de la cultura. La poesía, la arquitectura, la historia, la geografía, las ciencias naturales, la medicina (de la que entonces se creó en Córdoba la primera Academia que hubo en Europa), todas las ramas de los conocimientos artísticos y literarios, prosperaron en alto grado. El mismo Abderrahmán era hombre de erudición poco común y
poeta; sus hijos eran todos poetas, historiadores o filósofos (...) y el palacio de Meruán era, como dice Lafuente, más que palacio de un príncipe, una academia continua en la que se cultivaban todas las ramas del saber por entonces conocidas” (...)".
¿Por qué no suponer que las mujeres del harén participaban también de ese ambiente especial de cultura y erudición?

Los estudiosos de la Historia saben que para comprender sus procesos, así como el comportamiento del hombre en determinados acontecimientos, hay que dejar a un lado nuestra mentalidad actual y tratar de analizar los hechos según el pensamiento de la época. Intentaremos aquí hacer lo mismo.

La escasa información que sobre la mujer de Al-Andalus ha llegado hasta nuestros días, impide que podamos hacernos una idea clara y precisa de cómo era su vida cotidiana o su carácter. Pero suponemos que, al igual que hoy, existirían diferencias entre las mujeres según pertenecieran a uno u otro estrato social; no debía ser igual la vida de una campesina que la vida de la hija de un comerciante o la de la esposa de un walí... o la de una mujer del harén. Suponemos además, que el bienestar y el acceso a la cultura estaría en proporción al nivel social: cuanto más alto, más oportunidades para la mujer. Algo de eso parecer corroborar el hecho de que las mujeres del harén tuvieran el privilegio de ser instruidas en las diferentes artes, como sucedía en la corte del califa al-Mansur que permitía que las mujeres de su harén aprendieran caligrafía y poesía en la escuela fundada por la poetisa granadina Hafsa al-Rukkunyya, en Marraquech. Para comprender mejor la mentalidad andalusí hay que tener en cuenta que la sociedad estaba claramente diferenciada: un mundo exclusivamente masculino y un mundo exclusivamente femenino, con contadas posibilidades de interacción entre uno y otro. Al igual que para las matronas romanas, para las mujeres andalusíes el ámbito social y la familia fueron los campos donde desarrollaron unas cualidades que son propiamente femeninas. Salvo en lo religioso, la mujer islámica no es considerada una igual por el hombre y aún así, su presencia dentro de la sociedad islámica es constante. Lo mismo ocurre dentro del harén, un microcosmos dentro del gran Macrocosmos de lo Femenino. Magdalena Lasala, en su libro "La estirpe de la mariposa" relata, en una novela que combina magistralmente la ficción con el rigor histórico, cómo sería la vida dentro de un harén a través de las experiencias de cuatro mujeres de una misma familia, cuatro generaciones, todas ellas favoritas de un califa. Sin olvidar que se trata de una novela, la autora consigue recrear ese universo, ese mundo específicamente femenino del que hablamos y cómo la presencia de la mujer era una constante, aunque velada y discreta, en la vida de Al-Andalus.

Aunque relegada a un segundo plano, siempre por debajo del hombre, pocas culturas como la islámica han alabado tanto y tan bien las cualidades de la mujer, así como sus obras. María Dolores Fernández-Fígares, en su artículo "La mujer de Al-Andalus" afirma: "(...) Historiadores árabes, como lbn al-Abbar y al-Marrakusi en sus diccionarios biográficos, nos han dejado relaciones de nombres de personajes que estuvieron vinculados con algún aspecto del conocimiento, tanto por lo que se refiere a las ciencias religiosas como a las profanas. Hay también relaciones biográficas dedicadas a recoger ese protagonismo femenino en el mundo de la cultura, tales como la de Maslama b. al-Gasim y Abu Dawud al-Muqri. Dichas relaciones incluyen ciento dieciséis nombres de mujeres que "hicieron algo" en alguna de las ramas del saber: poetisas, lexicógrafas, copistas, gramáticas, ascéticas, juristas, matemáticas, médicas y astrónomas. De todas ellas, el grupo más numeroso es el de las que se dedicaron a la poesía (unas cuarenta). Las noticias que se nos dan de estas mujeres son muy limitadas y en ocasiones meramente testimoniales. Sin embargo, podemos considerar como significativo el hecho de que haya existido un empeño en reflejar las obras de estas mujeres por parte de los autores masculinos de las biografías, lo cual se justifica en una sociedad que, por lo menos, valora la presencia femenina en determinados ámbitos culturales, además de su efectiva participación (...)". Muchas de estas eruditas bien podían ser mujeres que provenían del harén, como la poetisa cordobesa Wallada, hija del califa al-Mustakfi, que conseguía reunir a lo más granado de la sociedad cultural de la Córdoba de su tiempo.

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No es mi intención –ni se me pasa por la cabeza- justificar el abuso de poder, sea cual sea su naturaleza, sobre una mujer. Muy por el contrario, la mujer es libre de conducir su vida por el camino que mejor le parezca y de ofrecer su corazón y sus sentimientos con plena libertad y cuando lo considere oportuno. Pero no por el hecho de ser mujer, sino porque es un ser humano y todos los seres humanos, hombres y mujeres merecemos el mismo respeto y las mismas oportunidades. Dejo pues al lector, que él mismo elija dar al harén la naturaleza que más se acerque a sus convicciones o a su entendimiento, solicitando eso sí, que no olvide que la Historia es como es y no como queremos que sea. Y que de los hechos, conocemos sólo lo que nos han querido contar...

© Carmen Morales


Bibliografía:
-          "La mujer en Al-Andalus". María Dolores Fernández-Fígares.
-          "La Córdoba de los Omeyas". José Carlos Fernández.
-          Historia de España. Editorial Salvat.
-          "La estirpe de la mariposa". Magdalena Lasala.
-          Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.


ANEXO

Cómo se roba el corazón de un califa*

Cierto día, el califa Abderrahmán III al-Nasir, deseó pasar la noche con su prima y esposa favorita la coreixita Fátima, hija el emir al-Mundir. Una de las esclavas, Marian, tendió una trampa a la primera para poder monopolizar el amor de al-Nasir. Y así, cuando éste hizo advertir a Fátima, por medio de una camarera, que iba a pasar la noche de cierto día con ella, a fin de que se preparase para recibirle, aquella se alegró y dijo:
"Sea mi señor bienvenido a quien es suya con honor y holgura: ¡qué excelente nueva que yo procuraba y por alcanzarla volaba!" E hizo dar a la camarera una magnífica recompensa. Mas ocurrió que la portadora del mensaje encontró junto a ella presentes a algunas de las esposas del califa al-Nasir, entre ellas Marian, madre del heredero al-Hakam, quien, por su irresistible gracia y fina astucia no dejó de dirigirse a la coreixita felicitándola por la grata ocasión y congratulándola por aquella noche... Y, demostrando su satisfacción, tomó el laúd y lo tañó, cantando una melodía que se le ocurrió, con  un ritmo según el cual agitaba sus miembros:

¡Oh, noche tal que si me fuera vendida
O pudiera comprarse
Adquiriría yo al precio de cuantos son
Mis más caros deseos!

Y, embriagada de satisfacción, volvía a empezar, hasta que le dijo la coreixita en su gravedad: "¡Pobre Marian" ¡Estás exagerando en felicitarme por esta noche, lo cual se debe a tu demasiada tontería y liviandad, pues, ¿cómo puede compararse con nuestras primeras noches de claro esplendor, noches de solaz y cuanto en ellas me deleitó, esta noche, menguada por todo reproche, y demasiado compartida para el soliloquio, que habré de pasar en mi aposento en su mansión, en el turno suyo que me toca?" Díjole aquélla: "Señora, el placer está en la novedad, y el alma ha de sufrir los inconvenientes de su primera morada: pardiez que todo el mundo es poco comparado con esta gracia que te ha otorgado Dios y que ojalá disfrutes completa y totalmente, pues juro qeu si pudiera comprarla con cuanto ahora poseo, sin retener más que el vestido con que me cubro, lo daría todo de buena gana, considerando que ganaba en el trueque".
Díjole entonces la coreixita: "¡Ay de ti, necia! ¿Me comprarías esta noche mía de que tanto hablas, si te la vendiera?" Dijo aquélla: "Sí, pardiez, señora, pídeme lo que quieras". Dijo la coreixita bromeando y no de propósito: "Acepto y compro a mi satisfacción". Y, yendo a su aposento, reunió cuanto tenía en metálico hasta completar veinte bolsas que despertaron la codicia de la coreixita, invadiéndola al punto el deseo de tenerlas, de modo que ordenó a su ama de llaves cogerlas, a lo que dijo Marian: "Noble señora, necesito un escrito firmado por tu distinguida mano, de que me has vendido esta noche y de que me pertenece, para poder basarme en él ante nuestro señor, el califa, y que me otorgue mi derecho". Lo cual pareció a la coreixita poca cosa, fiada de su benevolencia y pensando que su primo, el califa, tomaría su acción como jugarreta graciosa de mujer, de manera que hizo a Marian una escritura de su puño y letra, autentificándola con el testimonio de las favoritas del califa presentes.
Marian fue con las escrituras a su aposento, se arregló, dispuso el aposento y su cámara, aderezándose con sus mejores perfumes y galas y se plantó en el camino que había de conducir al califa a la coreixita, de manera que cuando éste partió del lugar donde se solazaba y, poniéndose en marcha, vino en dirección a su esposa coreixita, le salió al paso Marian con el hermoso aspecto, las más fastuosas joyas y el más penetrante perfume diciéndole: "Ven a mi, hijo de los califas, pues Dios me ha hecho gracia de tu proximidad y puesto a merced de tu justicia, y tú eres juez de jueces y misericordia de Dios sobre la humanidad: He comprado el que pases esta noche conmigo con cuanto poseía, dándolo a cambio; mal negocio ha hecho tu esposa en lo que me ha vendido sin conocerlo. Esta es la escritura que te informará de mi demanda: dame, pues lo que es mío..." Al verla, le pareció demasiado, ensombreciéndole el rostro y llenándole el ánimo de ira contra su prima, pero se calmó rápidamente, satisfecho de Marian y admirado por la nobleza de su acción en su sincero amor...
Y quedándose con ella, pasó la noche y alargó su estancia con ella varios días, lo que fue causa de que le cautivara y se apoderase de su corazón, pues le apreció el encariñamiento que le tenía y su apego, haciéndola señora de sus mujeres, grande entre sus favoritas y administradora de su alcázar, poniendo todo en sus manos y fiando en ella en la público y en lo privado... En cuanto a su esposa coreixita, nunca pudo recuperarse de su tropiezo hasta morir, pues juró no ir a verla jamás...

Bibliografía:

* Ibn Hayyán. Crónica del califa Abderrahmán III al-Nasir entre los años 912 y 942. Traducción, notas e índices de Mª Jesús Viguera y Federico Corriente. Preliminar por José Mª Lacarra, págs. 15-19; Zaragoza, 1981. Extraído de Historia de España, editorial Salvat.


[1] En "Córdoba de los omeyas". Autor: José Carlos Fernández.

1 comentario:

Fanny Vela dijo...

Hola!! Carmen, muy interesante todo. Un abrazo Fanny Vela G.