domingo, 4 de septiembre de 2011

Florbela Espanca, la poetisa del amor

Cuando pensamos en poemas de amor casi todo el mundo, invariablemente, piensa en Pablo Neruda famoso precisamente por sus Cien Poemas de Amor y una Canción Desesperada. Pero, ¿existe una contraparte femenina para este título de “poeta del amor”? Creemos que sí.
Florbela Espanca es una poetisa portuguesa de principios del siglo XX. Conocida en el país vecino como “la poetisa de la saudade”, la realidad es que sus versos tienen como tema principal el amor en todas sus variantes. Femenina, coqueta, inteligente y apasionada, Florbela Espanca fue una mujer adelantada a su época que tuvo que soportar la incomprensión del mundo que la rodeaba. Casada en tres ocasiones, lo que para la época y mentalidad del Portugal de aquellos años era todo un insulto descarado, conoció en carne propia los desengaños amorosos y el dolor del abandono. Su amor por las letras nació casi al mismo tiempo que ella y ya con ocho años escribía sus primeros versos.
De espíritu aventurero y soñador, la vida no le permitió poner alas a sus sueños y volcó sus ansias de libertad en el papel. Fue la primera mujer en Portugal que cursó estudios de Derecho y el poeta luso Fernando Pessoa la llamó “alma soñadora, hermana gemela de la mía”. De naturaleza enfermiza, pasó toda su vida sufriendo por su delicado estado de salud que no le permitía realizar grandes esfuerzos. Sin embargo y aunque también encontramos referencias al dolor e incluso a la muerte en su obra, sus poemas, así como sus cartas, revelan una mujer enamorada de la vida y del amor. Su estilo venusino y evocador la eleva a la categoría de la propia Safo, como se ve en el poema “Paseo en el campo”:
¡Amor mío! ¡Mi amante! ¡Mi amigo!
Coge la hora que pasa, la hora divina,
¡Bébela dentro de mí, bébela conmigo!
¡Me siento alegre y fuerte! ¡Soy una niña!

Yo tengo, Amor, la cintura esbelta y fina…
Piel dorada de alabastro antiguo…
Frágiles manos de madona florentina…
-¡Vamos a corres y reír por entre los trigos!-

Hay encajes de gramíneas por los montes…
Amapolas rojas en los trigales maduros…
Agua azulada cintilando en las fuentes…

Y a la vuelta, Amor… convirtamos, en las alfombras
De los caminos salvajes y oscuros,
¡En un astro sólo nuestras dos sombras!...

Gracias al escritor José Carlos Fernández, autor de “El viaje iniciático de Hipatia: la búsqueda del alma de los números” entre otros títulos, ahora podemos disfrutar de la obra poética de la escritora traducida al español. En el libro “Florbela Espanca, vida y alma de una poetisa”, José Carlos Fernández hace un recorrido por la vida de Florbela a través de la correspondencia que la escritora mantuvo con diferentes personalidades. Estas cartas revelan una personalidad fascinante, llena de matices, que cautiva al lector.
Al igual que ocurre con la poesía de Antonio Machado, los poemas de Florbela Espanca son cantados por algunos de los cantautores más conocidos de Portugal, como es el caso de Luis Represas o de Mariza. Incluso existe un fado que tiene origen en un poema de Florbela, lo que demuestra que su poesía ha calado entre el alma de la gente.
Cerramos pues este artículo con algunos de los poemas de Florbela Espanca, la poetisa del amor.
Ser Poeta
¡Ser poeta es ser más alto, es ser mayor
De lo que son los hombres! ¡Morder como quien besa!
¡Es ser mendigo y dar como quien es
Rey del Reino de Más Acá y Más allá del Dolor!

¡Es tener de mil deseos el esplendor
Y no saber siquiera qué se desea!
¡Es tener aquí dentro un astro que flamea,
Y tener garras y alas de cóndor!

¡Es tener hambre, es tener sed de Infinito!
Por yelmo, las mañanas de oro y de satén…
¡Es condensar el mundo en un solo grito!

Y es amarte, así, perdidamente…
Es que seas alma y sangre y vida en mí
¡Y decirlo cantando a todo el mundo!


Espera

No me digas adiós, ¡oh sombra amiga!,
Ablanda más el ritmo de tus pasos;
Siente el perfume de la pasión antigua,
¡De nuestros buenos y cándidos abrazos!

Soy la dueña de místicos cansancios,
La fantástica y extraña niña
Que un día quedó presa en tus brazos…
¡No te vayas aún, oh sombra amiga!

Tu amigo hizo de mí un lago triste:
¡Cuántas ondas riendo que en él no oíste,
Cuánta canción de ondinas allí en el fondo!

Espera… espera… oh sombra amada…
Mira que más allá de mí ya no hay nada
¡Y nunca más me encuentras en este mundo!...

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